mensaje

Desde los comienzos de los años 70, la humanidad ha experimentado un cambio radical e inédito en su historia: cambió su estilo de vida, su organización socio-económica y sobre todo, en su capacidad de comunicación gracias al increíble avance tecnológico.

Uno de los sectores más afectado por este cambio ha sido el sector turístico. Los economistas consideramos que el turismo representa el primer sector económico del mundo: hoy en día el turismo representa el 9.4% del PIB mundial, el 10.9% de las exportaciones totales y un 7.6% del empleo. Tanto en los países “industrializados” como los llamados en “vía de desarrollo”, el turismo representa unas de las principales esperanzas de crecimiento económico.

Sin embargo, el avenimiento del llamado “turismo de masa” también ha traído externalidades negativas: graves consecuencias culturales, ecológicas y sociales. Como consecuencia de la globalización y del incremento de la actividad turística masificada, se producen actualmente importantes impactos negativos en las comunidades anfitrionas y su entorno, en múltiples niveles, desde los meramente medioambientales hasta los sociológicos.

En respuesta a esta situación, desde el principio de los años ochenta se ha tratado de fomentar el turismo desde un punto de vista sostenible, considerando esa la mejor forma de mantener los valiosos recursos que forman la base de la oferta turística actual, a la vez de permitir una explotación racional de los mismos.

Leonel CARABALLO, director MUNDO LEAL

Dimensión Social


Algunas veces cuando un turista parte de vacaciones, llega a dejar de lado su moral y su ética. El ejemplo más evidente es ciertamente el llamado turismo sexual en países como en el sureste-asiático. Esto se revela como una verdadera plaga causada por gente sin escrúpulos que provocan efectos nefastos en poblaciones enteras.

Pero la prostitución infantil no es el único ejemplo  negativo de este turismo “superficial”. La llegada de turistas ricos desde países occidentales puede convulsionar los valores de las sociedades más pobres, ya que los jóvenes, que se ven a menudo atraídos por ese alto nivel de vida, tienden a abandonar sus propios valores tradicionales para dejarse arrastrar por modelos de comportamiento occidentales. Esto puede conllevar un profundo cambio del sistema de valores de la comunidad en cuestión, y puede ser el origen de crisis  y de incomprensiones, engendrando numerosos problemas, tales como la marginación o la criminalidad.

Lo que era importante, deja de serlo, y una nueva visión del mundo, se impone poco a poco: la lógica occidental de la riqueza y el consumo, que hay que alcanzar a todo precio.

El Etnoturista se compromete a no imponer modelos diferentes al de la cultura local, y a respetar las tradiciones y las costumbres del lugar. Nuestros viajeros llegan a un país con una actitud de curiosidad e interés, están atentos a las diferencias, y se deja guiar con los ojos bien abiertos hacia un mundo desconocido, sin imponer ningún otro modelo.