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Desde los comienzos de los años 70, la humanidad ha experimentado un cambio radical e inédito en su historia: cambió su estilo de vida, su organización socio-económica y sobre todo, en su capacidad de comunicación gracias al increíble avance tecnológico.

Uno de los sectores más afectado por este cambio ha sido el sector turístico. Los economistas consideramos que el turismo representa el primer sector económico del mundo: hoy en día el turismo representa el 9.4% del PIB mundial, el 10.9% de las exportaciones totales y un 7.6% del empleo. Tanto en los países “industrializados” como los llamados en “vía de desarrollo”, el turismo representa unas de las principales esperanzas de crecimiento económico.

Sin embargo, el avenimiento del llamado “turismo de masa” también ha traído externalidades negativas: graves consecuencias culturales, ecológicas y sociales. Como consecuencia de la globalización y del incremento de la actividad turística masificada, se producen actualmente importantes impactos negativos en las comunidades anfitrionas y su entorno, en múltiples niveles, desde los meramente medioambientales hasta los sociológicos.

En respuesta a esta situación, desde el principio de los años ochenta se ha tratado de fomentar el turismo desde un punto de vista sostenible, considerando esa la mejor forma de mantener los valiosos recursos que forman la base de la oferta turística actual, a la vez de permitir una explotación racional de los mismos.

Leonel CARABALLO, director MUNDO LEAL

Dimensión Económica


Para el 83% de los países pobres, el turismo representa una de sus principales fuentes de exportación. Sin embargo, son los países occidentales lo que se benefician del 80% de los ingresos turísticos de estos países, los países anfitriones percibiendo solo el 3%. ¿Cómo explicar este fenómeno?
Esto se debe, principalmente, a que la mayoría de las infraestructuras de alojamiento, donde se alojan la mayor parte de los turistas, pertenecen a grandes cadenas hoteleras occidentales. Es así como, la mayor parte del  dinero que un turista occidental gasta durante sus vacaciones, vuelve a occidente, sin que la comunidad local pueda beneficiarse de verdad.
La dimensión económica de Etnoturismo se encarga de hacer que la población local del Sur disfrute de una parte consecuente de los beneficios generados por el turismo en su propio país. Esta forma de turismo busca apoyar a las pequeñas infraestructuras de alojamientos, enteramente regidas por la población local, al ser las únicas beneficiarias de este turismo, sin que intervengan las grandes multinacionales.