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Desde los comienzos de los años 70, la humanidad ha experimentado un cambio radical e inédito en su historia: cambió su estilo de vida, su organización socio-económica y sobre todo, en su capacidad de comunicación gracias al increíble avance tecnológico.

Uno de los sectores más afectado por este cambio ha sido el sector turístico. Los economistas consideramos que el turismo representa el primer sector económico del mundo: hoy en día el turismo representa el 9.4% del PIB mundial, el 10.9% de las exportaciones totales y un 7.6% del empleo. Tanto en los países “industrializados” como los llamados en “vía de desarrollo”, el turismo representa unas de las principales esperanzas de crecimiento económico.

Sin embargo, el avenimiento del llamado “turismo de masa” también ha traído externalidades negativas: graves consecuencias culturales, ecológicas y sociales. Como consecuencia de la globalización y del incremento de la actividad turística masificada, se producen actualmente importantes impactos negativos en las comunidades anfitrionas y su entorno, en múltiples niveles, desde los meramente medioambientales hasta los sociológicos.

En respuesta a esta situación, desde el principio de los años ochenta se ha tratado de fomentar el turismo desde un punto de vista sostenible, considerando esa la mejor forma de mantener los valiosos recursos que forman la base de la oferta turística actual, a la vez de permitir una explotación racional de los mismos.

Leonel CARABALLO, director MUNDO LEAL

Dimensión Ambiental


El turismo representa el sector industrial más importante del mundo, el cual, a pesar de todas las crisis económicas, va siempre viento en popa. De acuerdo con las estimaciones de la OMT, el sector turístico registró en 2007 unos 700 millones de viajeros internacionales, registrando en 2013 un flujo internacional de más mil millones de personas. Todos estos movimientos tienen un efecto muy negativo sobre los destinos turísticos. El turismo de masas participa a la desertización, la deforestación, la destrucción de ecosistemas, la contaminación, la emisión de gases, la destrucción de la barrera de coral, la desaparición de numerosas especies animales, etc.

Es por tanto imperativo defender la sostenibilidad medioambiental organizando viajes en los que el turista sea más atento y respetuoso para con la naturaleza, sin  malgastar los recursos naturales, como el agua, y sin generar un impacto negativo. El turismo de masa corre el riesgo de acabar con la belleza y la riqueza de nuestro planeta y la única solución posible sería desarrollar un turismo que respete los principios del desarrollo sostenible: sensibilidad hacia los problemas medioambientales y voluntad de preservar el equilibrio natural del planeta, de manera que incluso nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, puedan disfrutarlo algún día.